Relato erótico maduras

Relato erótico maduras: Descubre porque me ponen las maduritas

Hace algunos años yo también era como tú: que si me podía follar a una jovencita no dudaba en hacerlo. No me gustaban las mujeres maduras; a ver, no nos equivoquemos, me sentía atraído por lo grandes que suelen tener las tetas, por esos culos respingones y por sus endemoniadas curvas. Sin embargo, era algo que mi propia mente concebía como que estaba mal, como que las cosas no estaban en su sitio.

Entonces, un buen día pasó algo que me hizo cambiar para siempre mi concepción sobre follar con mujeres adultas.

Sin más preámbulos, os traigo mi particular relato erótico maduras.

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Disfrutando follándome a la madre de mi ex

Recuerdo ese mes de julio como si hubiera sido ayer. Mi ex estaba rara, bueno, más rara que de costumbre. Yo ya sabía por dónde iban los tiros, me estaba siendo infiel. Y no es que hubiera dado muestras ni signos de ello, pero había tenido otras parejas que me habían salido con lo mismo.

Fue cuestión de días cuando me lo confesó. Tuvimos una profunda conversación en la que decidimos que lo mejor sería separar nuestros destinos.

Aunque en un primer momento creí que me lo había tomado bien, no tardé en derrumbarme.

De hecho, esa misma tarde fui a su casa para intentar arreglar las cosas. Ella no estaba; muy probablemente estaría follando con otros por ahí.

Su madre, al ver su cara, decidió consolarme ofreciéndome un par de cervezas

Fue entonces cuando vi más allá y la identifique como una mujer de pechos prominentes y de culo enorme. No sé muy bien porque, pero en ese momento se me puso dura.

No fui incapaz de disimular la erección; ella se dio cuenta y, lejos de enfadarse, me miró con gran interés. Se lanzó contra mí y me bajó la bragueta mientras que mi enorme polla era liberada.

Sin tener tiempo a reaccionar, ella se la metió en la boca y me la chupó como si no hubiera mañana. Después me la follé allí, sobre el sillón.

Aunque después de eso no pasó nada más, este relato erótico maduras me encanta contarlo, y me excita siempre que lo hago.